9. GUÍA PARA EL PSICÓLOGO Y PSIQUIATRA
Las alteraciones psicológicas que pueden aparecer en estos niños parten de la percepción de su aspecto diferente a los demás, asociado ocasionalmente a situaciones de discriminación injustificadas o a excesiva protección paterna. Para luchar contra estos problemas de imagen corporal hay que enfatizar las cualidades del niño, ofrecer una información realista a los padres y al niño cuando éste llegue a la adolescencia. En casos extremos, que no son comunes, se recurrirá a la atención psicológica al niño y a la familia, entendida dentro de la atención interdisciplinar y no de modo aislado.
Las familias han de ser aconsejadas sobre este tipo de problemas y beneficiarse del contacto con otras con miembros afectados por este tipo de displasias. Observe el status emocional de la familia, así como las relaciones intrafamiliares. Aconsejar a los padres de que modo deben contar el problema del niño a sus familias y amigos. Hacerles ver la necesidad de educar a todos los miembros sobre las características de la acondroplasia. Asesóreles sobre los posibles contactos con grupos de soporte. Incida en la importancia que tiene para el niño una normal socialización y el contacto con otros niños.
Hable con los padres la posibilidad de adaptar las características de sus casas con objeto de lograr que el niño sea más independiente (bajar las llaves de la luz, grifos y aumentar el número de peldaños a las escaleras). Puede ser importante adaptar el baño, con pasamanos y agarraderas para facilitar su uso, para permitir un uso independiente y más confortable. Adaptar la ropa y los juguetes (especialmente los triciclos) a las características del niño. Puede ser necesaria una consulta de terapia ocupacional.
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